
El ábside y la vía sacra
El ábside y la vía sacra
El ábside y la vía sacra
Transcripción de audio
El ábside mayor está acotado por una valla imponente: la vía sacra (tornacoro en italiano) de mármol blanco, negro y rosa, que diseñó en 1534 el famoso arquitecto Michele Sanmicheli.
La construcción de vallas como esta perseguía la finalidad de interponer una distancia entre el pueblo y quienes oficiaban las celebraciones litúrgicas. Los pilares rematan en candelabros y están colocados para descargar el peso de la cornisa: arriba del arco de entrada central, descuella en ella un crucifijo, junto a las estatuas de la Virgen y San Juan. El extenso ciclo pictórico consagrado a la Virgen es obra de Francesco Torbido, quien ejecutó los frescos en base a los cartones preparatorios de Giulio Romano, uno de los discípulos de Rafael. En el cascarón absidal, los Apóstoles presencian el milagro de la Asunción de María, ataviada según la tradición clásica con una túnica roja y un manto azul, en el centro de la escena, mientras sube al cielo sobre una nube coronada por ángeles en vuelo. Estos últimos desplazan las nubes para que sea posible ver el milagro, moviéndose contra un trampantojo de fondo, ilusión óptica en forma de artesonado. En el recuadro del intercolumnio izquierdo, encontramos el Nacimiento de la Virgen. Vemos a Santa Ana bajo una sábana, mientras recibe la ayuda de una esclava. Está tumbada en una cama con baldaquino con paños verdes, para descansar después de las fatigas del parto. Dos matronas, arrodilladas al pie de la cama, cuidan a la recién nacida y le preparan el baño. En el cuadrado del intercolumnio central de la bóveda, hallamos la Anunciación de los profetas Isaías y Ezequiel. La Virgen vestida de rojo está arrodillada en el centro de la escena. A izquierda y derecha, los dos profetas mayores, representados con grandes alas oscuras, predicen lo que sucederá. En la última representación, que se encuentra en el interior del segmento derecho de la arcada, el visitante podrá observar la Presentación de la Virgen en el Templo. Aquí, María de niña, vestida de rojo, está de cara al sacerdote, en la entrada del templo de Jerusalén, arrodillada en los escalones. Entre los miembros de la comitiva, figuran sus padres, Ana y Joaquín, quienes se han dirigido al templo para presentar a su hija y consagrarla a Dios, como habían prometido. El obispo Gianmatteo Giberti mandó renovar la antigua zona del presbiterio, pues en 1534 se le ordenó que diera digna sepultura al papa Lucio III, quien murió exiliado en Verona en 1185, y al obispo Ludovico de Canossa. Así, la zona absidal se transformó en una especie de mausoleo. Adelante de la vía sacra se colocaron los antiguos sellos sepulcrales de obispos y cardenales, mientras que la lápida tumbal del papa Lucio III cuelga de la pared al final de la nave derecha.


